Viena ibérica

viernes, septiembre 22, 2006

Fiesta de despedida

En el fondo todos sabemos que nuestros amigos nos quieren, aunque por orgullo, cabezonería o exceso de humildad, siempre nos cuesta demasiado reconocerlo. Así que tengo que romper una lanza por los míos, que, engañándome (y consiguiéndolo los jodíos) ayer representaron una de las mayores funciones de su vida para darme la sorpresa de una pequeña fiesta, con poca gente. Sólo con los elegidos. Para qué más.


Aún más cuando sé lo difícil que es la alineación de ciertos planetas, con órbitas totalmente contrarias desde hace tiempo; pero capaces de hacer un esfuerzo y desafiar por un rato las leyes de la física por despedir a un amigo. La medida del hombre noble quizá se dé en lo que hace y le cuesta sobremanera, pero que quiere hacer de todas formas.


Y me gustó ver caras alegres pues ya sabemos de que va este juego. Es un juego que hemos jugado durante siglos y seguiremos en la brecha, hasta que el Sol estalle devolviendo nuestro polvo al cosmos infinito: allí seguiremos danzando por la eternidad.


¡Mil gracias a todos!

P.D. Las fotos están en el blog de Lourdes (¡gracias Lour!): Fotos fiesta Nevermind